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EL CASO VENEZUELA: SE BUSCA LÍDER

Por Diego Arrias

La actualidad política colombiana se encuentra focalizada en un controversial debate, acontecido en todos los estratos sociales, relacionado con la reforma tributaria o “Ley de Financiamiento”, estrategia puesta en marcha por el gobierno del Presidente Duque con el propósito de cubrir un déficit de 14 billones de Peso (unos 4.385 millones de Dólares) que afectan considerablemente el Presupuesto Nacional 2019.
Concretar la implementación de dicha reforma tributaria representa todo un reto para la administración del Presidente Duque, toda vez que implica la necesidad del Gobierno en fortalecer los distintos Programas Sociales, aunque el precio político puede ser costoso a causa del carácter impopular de la medida. Sin embargo, dentro del esquema económico colombiano, la reforma de la estructura tributaria no puede ser considerada como la panacea para el problema del déficit fiscal.
Sr. Presidente Duque, coadyuvar en la restitución de la democracia en Venezuela, también es parte de la solución. La crisis migratoria de Venezuela a corto plazo tiene un impacto estimado de medio punto porcentual del Producto Interno Bruto (PIB) colombiano, una cifra equivalente a unos 4,5 billones de pesos (1.526 millones de dólares), pero este no debe ser el único aspecto a sopesar. El comercio bilateral entre ambas naciones ha quedado reducido a la nada, tanto así que para el año 2008 las exportaciones de productos colombianos a Venezuela superaban los 4.000 millones de Dólares y en menos de diez año cayó estrepitosamente a tan solo 327 millones de Dólares. Después de los Estados Unidos, el principal socio comercial de Colombia debería de ser Venezuela.
Adicional a las implicaciones comerciales surgidas como consecuencia de la crisis venezolana, existen otros aspectos de marcada incidencia en la vida pública neogranadina, como lo son, la lucha contra el narcotráfico y la guerrilla, que requieren de un Gobierno serio y responsable del lado venezolano. Al compartir ambas naciones 2.200 kilómetros de frontera, Colombia precisa que Venezuela sea un aliado estratégico con el cual puedan concertar políticas tendentes a combatir tan perniciosos flagelos sociales. Resulta imperioso el cambio de régimen en Venezuela, para detener el inexorable desequilibrio económico en toda la región, pero si existe un beneficiario directo con un nuevo advenir democrático en Venezuela, ese es Colombia.
En todo caso Sr. Presidente Duque, el problema en Venezuela es que el pueblo se encuentra entrampado. La opinión generalizada es que tanto Gobierno como Oposición es la misma cosa. El principal problema que enfrenta la política en Venezuela es que su “liderazgo” muestra una tendencia a pensar: “Cómo quedo yo allí o cómo queda mi partido” y lo que el país está reclamando es que se piense en Venezuela y no en sus intereses.
Dicho liderazgo, al perder el favor de la opinión pública, ha salido en procura del milagro internacional, con una agenda suicida, proponiendo soluciones traumáticas, divorciadas de un espíritu civilizado y legal. Por eso sorprende, como en los distintos países donde son recibidos se les endilga el carácter de mártires de la democracia a personas que son tan o más responsable que el propio gobierno por lo que sucede en Venezuela. Un ejemplo claro de esto lo representa la figura de la Ex-Fiscal General de la República Luisa Ortega Díaz, protagonista de la persecución política promovida por el Gobierno de Venezuela y quien ahora está siendo acogida como una heroína por el liderazgo opositor y peor aún por Gobiernos como el suyo.
El actual escenario político en Venezuela, a causa del abandono de la lucha política por parte de la oposición, reclama un nuevo liderazgo, y usted Presidente Duque, precisamente al ser un político de nueva generación debe recibir con más interés tal sugerencia. En Venezuela, es verdad urge un cambio de gobierno, pero no solamente acelerado, si no de la manera más inteligente, más constructiva. En ese sentido, el surgimiento de un ‘outsider‘ que incursione en la política y que rete el vacío de liderazgo que deja el presidente Nicolás Maduro y todos sus adversarios políticos es una realidad muy factible.
Un nuevo liderazgo debe reconducir la motivación de ese pueblo que se encuentra frustrado ante las instituciones y pseudo-líderes que intentan representarlo. La desconexión actual es un hecho que hay que atender.

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