La Universidad Nacional amaneció convertida en escenario de protesta contra el presidente Gustavo Petro, en vísperas de su visita. Afiches, pancartas y mensajes aparecieron en distintos puntos del campus rechazando la constituyente universitaria y cuestionando de frente al Gobierno, en una muestra de inconformismo que ya no se oculta.
Los mensajes son contundentes. Desde críticas al llamado “Pacto Hamponico” hasta advertencias sobre una supuesta toma política de la universidad, los carteles reflejan una creciente desconfianza frente a las reformas que impulsa el Ejecutivo. Incluso, se cuestiona la posible incidencia del Gobierno en la elección de directivas, lo que para muchos estudiantes y sectores académicos representa una amenaza a la autonomía universitaria.
La tensión no es menor. Fuentes internas hablan de una confrontación abierta entre sectores afines al Gobierno y quienes rechazan las decisiones que se están promoviendo. La llegada de Petro, lejos de calmar el ambiente, coincide con un campus dividido y cargado de incertidumbre.
El trasfondo del conflicto es claro: los cambios en el estatuto de la universidad, que permitirían nuevas formas de elección de sus directivos, son vistos por críticos como una jugada política para consolidar influencia en una de las instituciones más importantes del país.
Lo ocurrido en la Nacional no es un hecho aislado, sino un síntoma del desgaste que generan las reformas del Gobierno. En lugar de consenso, la apuesta oficial sigue profundizando la polarización, incluso en espacios académicos que históricamente han defendido su independencia.


