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La odisea de los venezolanos en “la samaria”

Durmiendo en la bahía, en las calles o en habitaciones compartidas es el vivir de muchos venezolanos que hoy residen en la capital del Magdalena.

Trabajando en busetas, vendiendo tintos y limpiando parabrisas, entre otras ocupaciones, se ganan la vida muchos inmigrantes que tuvieron que salir de su país por la crisis que enfrenta su país, Venezuela.

Y llegar a Santa Marta, a ser “guerreros” del sol, la lluvia y la brisa que por estos días refresca a la ciudad, para enfrentar en algunos casos, humillaciones o señalamientos, incluso, dormir bajo el inclemente frío en cualquier parque, andenes o playa.

En medio de agradecimientos y llantos, miles de venezolanos aseguran que no es fácil la situación por la cual están pasando y que jamás, se imaginaron vivir con las necesidades que hoy día los persigue sin clemencia.

Su odisea diaria, les lleva a conseguir pequeñas ganancias pero que, sin duda alguna, se convierte en la “salvación” o sustento para sus hogares. Con cifras desde 5.000 hasta 120 mil pesos, puede oscilar un día de ganancia de los mal llamado “venecos”.

Y lo peor, no se trata de tres o cuatro individuos, sino que, es la realidad de miles de personas del vecino país, sintiéndose rechazados, discriminados y frustrados por no poder continuar en el lugar que los vio crecer.

La realidad indica que, sobrevivir justifica casi que cualquier labor, incluso, la que se ejerce en pleno espacio público, violando las normas o límites del suelo; al punto que, cientos de mujeres armaron salones de belleza ambulante y que, además, ha tenido un alto grado de receptividad por las samarias.

LAS HAZAÑAS

ELARTÍCULO.CO salió a las calles y conoció cientos de casos que día a día enfrentan los venezolanos; entre ellos, está Tatiana Murillo, una mujer que llegó a Santa Marta con su hijo de tres años y que por la “lucha” del diario vivir, las necesidades y la incomodidad para bañarse, dormir y comer, tuvo que regresarlo a su país, dejándolo al cuidado de su madre.

Pese a que Tatiana, es profesional en el área de la belleza, hoy día es vendedora de deditos y jugos en la Avenida Campo Serrano. Con esa ganancia, debe sostener a su familia, pagar arriendo y girar semanalmente para el cuido de su pequeño de Venezuela.

“Aunque al principio no fue fácil buscar la manera de brindarle un sustento a mi hijo y fui víctima de abusos y atropellos por parte de la Unidad de Espacio Público.

del Distrito, he buscado sostenerme, pero de manera legal y honrada”, manifestó Murillo.

Por otra parte, está Juan José Guzmán, ingeniero de sistemas; que desde hace cinco meses tomó la decisión de llegar a esta ciudad en busca de una mejor oportunidad de trabajo; pero que ha tenido que enfrentarse al “rebusque” para mantener a sus tres hijos a cargo.

“En una sola habitación vivimos cerca de 15 personas. Y es la única manera que tenemos de dormir bajo un techo, porque los primeros días de haber llegado a esta ciudad, dormimos en la playa de la bahía”, contó Guzmán en medio de lágrimas.

 

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