Bogotá volvió a quedar atrapada en una noche de violencia y vandalismo. Encapuchados protagonizaron disturbios en el norte de la capital, atacaron la Universidad Sergio Arboleda y causaron daños en buses y estaciones de TransMilenio, mientras miles de ciudadanos quedaban bloqueados en plena hora pico .
Los hechos quedaron registrados en cámaras de seguridad y videos difundidos en redes sociales. Las imágenes muestran a varios sujetos lanzando objetos, intentando forzar las puertas de la universidad y vandalizando infraestructura pública y privada en medio del caos.
Lo que comenzó como una discusión en una estación de TransMilenio terminó convertido en una jornada de ataques que paralizó la movilidad y dejó nuevamente en evidencia la falta de control frente a grupos violentos que actúan encapuchados y con total impunidad.
La situación generó fuertes críticas contra las autoridades distritales. Sectores políticos y ciudadanos cuestionan que Bogotá siga normalizando escenas de vandalismo mientras el transporte público y las universidades terminan convertidos en blanco de ataques.
El episodio también revive el debate sobre la permisividad frente a este tipo de acciones. Mientras miles de personas cumplen las normas y pagan su transporte, grupos violentos responden con destrucción cada vez que se refuerzan controles contra los colados y el desorden en el sistema.
Lo ocurrido en la Sergio Arboleda no solo dejó daños materiales, sino una sensación creciente de inseguridad y desgobierno en la capital. Una ciudad donde cada protesta corre el riesgo de terminar secuestrada por el vandalismo mientras las autoridades siguen reaccionando tarde.


