A pocas semanas de las elecciones presidenciales, el excanciller Luis Gilberto Murillo decidió abandonar su aspiración presidencial para sumarse a la campaña de Iván Cepeda, candidato respaldado por el petrismo .
La movida política refuerza la estrategia del oficialismo en medio de una campaña marcada por alianzas de última hora y un creciente ambiente de polarización. Aunque Murillo sale de la contienda, su nombre seguirá apareciendo en el tarjetón electoral debido a que los plazos legales para modificar la papeleta ya vencieron, lo que podría generar confusión entre miles de votantes.
El respaldo del exministro llega en un momento clave para el petrismo, que busca consolidar fuerzas alrededor de Cepeda mientras el Gobierno enfrenta cuestionamientos por el manejo político del país y crecientes dudas sobre la transparencia del proceso electoral.
La situación también deja en evidencia el desorden de una campaña donde candidatos terminan bajándose a última hora para negociar apoyos políticos, mientras los ciudadanos deberán votar con tarjetones que ya no reflejan la realidad de la contienda.
Aunque la ley no contempla sanciones para este tipo de renuncias tardías, sí deja un vacío que termina afectando el voto informado. Los sufragios marcados por Murillo no serán transferidos a ningún otro candidato, lo que podría terminar alterando el panorama electoral.
Más allá de lo jurídico, la decisión confirma cómo el petrismo sigue moviendo fichas para concentrar poder de cara a 2026. Y mientras el oficialismo suma aliados, crecen las críticas por una campaña donde las alianzas políticas parecen pesar más que las propuestas para el país.


