Redacción: Camila Mendoza
La educación ha sido un motor de transformación social, un derecho fundamental que abre puertas y oportunidades. Sin embargo, declaraciones como las de la representante Susana Boreal, quien afirmó que obligar a los niños a asistir al colegio es «violencia y adoctrinamiento», generan profunda preocupación.
En un país donde el rezago educativo sigue siendo uno de los principales obstáculos para el desarrollo, deslegitimar la importancia de asistir al colegio resulta irresponsable. Si bien el sistema educativo colombiano tiene retos innegables, como la infraestructura deficiente y los altos índices de deserción escolar, plantear que estudiar es un acto de opresión es un mensaje profundamente equivocado. ¿Cómo se espera formar ciudadanos críticos y capaces sin las bases que brinda la educación?
La senadora María Fernanda Cabal, quien ha sido una defensora férrea de valores como la disciplina y el esfuerzo, criticó con razón estas declaraciones. Es inadmisible que un representante del pueblo promueva una narrativa que desmotiva el aprendizaje. Además, vincular la educación con «preparación para la explotación laboral» no solo desinforma, sino que desvía el foco de las verdaderas soluciones que necesita el sistema educativo.
Es preocupante que esta misma congresista sea promotora de iniciativas polémicas como la regulación del cannabis, mientras minimiza el papel central de la educación. La educación no es violencia; es el pilar sobre el que se construye una sociedad más justa y libre. Desafortunadamente, discursos como el de Susana Boreal solo perpetúan la ignorancia y el estancamiento.


