Por: José Félix Lafaurie Rivera X: @jflafaurie
El país superó unas elecciones tensas y, a pesar de los ataques del gobierno, de la participación en política de Petro y la orientación de recursos públicos para darle algún brillo al Gobierno del Cambio, ganó Abelardo de la Espriella y, con él…, ganó la patria milagro.
Más allá del estrecho margen, que nos lleva a la victoria del NO en el plebiscito y el asalto de Santos a la democracia, Petro no tenía margen para la trampa, gracias a una organización electoral modelo en el mundo. Aunque, en una traición a la patria, quiso deslegitimarla y hasta pedir anulación de elecciones por una absurda acusación de intervención extranjera, al final…, caló el mensaje de Bernie Moreno y… ganó esa patria traicionada.
Ganaron las propuestas de libertad, de justicia que castigue el delito, de una economía que, sin olvidar a los más vulnerables, entregue menos subsidios y más empleos; de seguridad como derecho fundamental y misión del Estado, y de un desarrollo de verdad integral, sin sesgos, que logre el gran milagro: rescatar al campo del abandono, porque la Paz de Colombia pasa necesariamente por la recuperación del campo.
Hacia delante, las expectativas son proporcionales al desastre Petro en frentes como la salud, la situación fiscal, la destrucción del sistema minero energético y de Ecopetrol; la desmoralización de la Fuerza Pública, la crisis de la Inteligencia y el rezago en equipamiento, mientras el país regresa a niveles agobiantes de inseguridad; la entrega de la justicia en medio de negociaciones con delincuentes que dejan las cárceles como gestores de paz para volver a la guerra; y como siempre, el abandono del campo, disfrazado con la entrega de tierras desnudas, sin asistencia, sin crédito, sin salud y educación…, sin vías decentes…, sin nada.
FEDEGÁN, en representación de los ganaderos y como gremio de la producción agropecuaria, preparó un “Libro blanco” que entregaremos al presidente, no solo como testimonio de esas promesas incumplidas, sino como expresión de nuestras expectativas y de colaboración con el nuevo gobierno al que le entregamos nuestra confianza.
Porque el milagro no cae del cielo; es resultado de un liderazgo que convoque a los mejores para concebirlo y dirigirlo, y a todo el país para construirlo. Las “patrias milagro” no son un embeleco del presidente electo; son posibles cuando los pueblos deciden construirlas.
Por ello vale recordar la proclama de Ortega y Gasset: “¡A las cosas!… Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magnífico que dará este país el día que se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias”.
A lo colombiano: Dejémonos de pendejadas y a trabajar por el futuro.


