La captura de alias ‘Mi Pez’ no llega como una victoria contundente, sino como la confirmación de que el Estado volvió a reaccionar tarde. Mientras el Gobierno insiste en defender su política de “paz total”, en el suroccidente del país la realidad es otra: atentados, miedo y control criminal en expansión.
Alias ‘Mi Pez’, identificado como Alex Vitonco Andela y hombre de confianza de alias ‘Iván Mordisco’, es señalado como uno de los principales responsables de la reciente ola de violencia en Cauca y Valle del Cauca. Bajo su coordinación se habrían ejecutado decenas de ataques que dejaron al menos 20 civiles muertos, evidenciando una operación criminal sostenida en el tiempo.
Lo preocupante es que no se trataba de un actor menor. Durante meses habría operado en Cauca, Huila y Tolima, dirigiendo atentados, reclutamiento forzado y economías ilegales, sin una respuesta preventiva eficaz por parte de las autoridades. Su nivel de influencia deja en evidencia fallas graves en inteligencia y control territorial.
Solo después de la escalada terrorista, el ministro de Defensa y la cúpula militar se desplazaron a la zona y ordenaron refuerzos. La captura en Cali, aunque relevante, responde más a una reacción ante la crisis que a una estrategia anticipada para evitarla.
Hoy el Gobierno presenta este resultado como un golpe a las disidencias, pero la situación en las regiones golpeadas cuenta otra historia. La caída de alias ‘Mi Pez’ no frena la violencia ni devuelve la tranquilidad a las comunidades, que siguen enfrentando el poder de estructuras criminales mientras la seguridad en el país continúa deteriorándose.


