martes , octubre 16 2018

Por: José Félix Lafaurie Rivera 

@jflafaurie

Veinte años después de haberle servido al país como Vicecontralor General de la República (1998 -2002), he presentado mi nombre dentro del nuevo proceso para elegir al Contralor que atenderá la vigilancia de los recursos del Estado durante el periodo 2018 -2022.
Fueron importantes los logros de aquel cuatrienio, de la mano con Carlos Ossa Escobar. Para entonces, la CGR estaba en mora de adaptarse a los nuevos roles que le asignaba la Constitución de 1991, a las nuevas tecnologías y a las nuevas realidades institucionales y de manejo del Estado.

Muchas de esas transformaciones perduran; otras fueron desechadas por el prurito de desmontar lo que se pueda para tener espacios propios de cambio. Fue lamentable el reversazo en el proyecto de “e – control”, con financiación BID, que permitía el acopio de información y el ejercicio de la función de control en línea y en tiempo real, reduciendo al mínimo las auditorías presenciales, con lo que la CGR se colocaba, además, al nivel de países líderes en la vigilancia de los recursos públicos.

Hoy retomo ese sueño. Creo en un control preventivo y propositivo. Creo en las alarmas tempranas y la focalización del control. Creo en una CGR que no se entere de la corrupción por los medios; que se ocupe menos de perseguir corruptos y más de cerrarle caminos a la corrupción, con la ayuda del Estado y la sociedad, porque la lucha contra la corrupción debe ser propósito colectivo.

Reniego de una Contraloría que atemorice o pueda ser utilizada en contra de personas o instituciones. He sufrido en carne propia el uso de la institucionalidad como arma de retaliación. Y yo no lo haré. Pueden estar tranquilos quienes se consideren mis contradictores.

No destruiré para hacer mi propio cambio por tonta vanidad; construiré sobre lo construido; conservaré lo valioso y reviviré proyectos que considero sustantivos para que la CGR responda competitivamente a los nuevos retos tecnológicos.

Hace 20 años emprendimos un cambio estructural para fortalecer institucionalmente a la CGR como una organización moderna y administrada gerencialmente por resultados. Se modernizaron procesos y procedimientos a partir de la aplicación de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, TIC. Se implementó un Sistema Nacional de Control Fiscal (SINACOF), autónomo, eficaz y proactivo, y creamos la Guía de Auditoría Gubernamental con Enfoque Integral, un esfuerzo histórico para estandarizar las metodologías de control.

Fortalecimos el proceso de Responsabilidad Fiscal y Cobro Coactivo, y dimos vida a las auditorías articuladas con la sociedad civil para estimular la participación ciudadana. Mediante la Ley 598 de 2000 se creó el Sistema de Información para la Vigilancia de la Contratación Estatal, SICE; el Catálogo Único de Bienes y Servicios, CUBS; y el Registro Único de Precios de Referencia, RUPR. Y con la Ley 610 de 2000 -Ley de Responsabilidad Fiscal-, aún vigente, logramos un enorme avance jurídico procesal.

Hoy estoy dispuesto a afrontar nuevos retos, si el Congreso me honra con esta nueva posibilidad de servirle al país. Hay dos maneras de afrontar la vida: hacia dentro o hacia fuera; hacia la satisfacción de egos y vanidades, o en función de causas. Y cuando se pasa el umbral de los sesenta, ya no buscamos “hacer hoja de vida”, sino asumir causas en las que creemos profundamente; causas que puedan transformar la realidad del país.

Creo en una Contraloría que le agregue valor al control fiscal y, por esa vía, a la administración de los recursos públicos. Hay que devolverles su condición de sagrados, porque son fruto del esfuerzo de los colombianos e insumo para construir la Colombia del mañana.

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