Fieles católicos mantienen viva la tradición de recorrer iglesias en Semana Santa con la visita a los siete monumentos, un acto de reflexión espiritual, oración y devoción que conmemora el camino de Jesús hacia la cruz.
La tradición de la visita a los siete monumentos durante la Semana Santa continúa vigente entre los fieles católicos, consolidándose como uno de los actos religiosos más significativos de esta época. Cada año, cientos de personas aprovechan estos días no solo como un espacio de descanso, sino también como una oportunidad para la reflexión espiritual y el fortalecimiento de su fe.
Esta práctica, que inicia desde la noche del Jueves Santo y se extiende hasta la mañana del Viernes Santo, consiste en recorrer siete templos donde se encuentra el Santísimo Sacramento expuesto. En cada uno de estos lugares, los creyentes realizan oraciones y meditaciones que representan los momentos vividos por Jesús desde la Última Cena hasta su crucifixión.
Un recorrido de fe y reflexión
Cada una de las siete visitas simboliza un episodio clave del camino de Cristo hacia la cruz. Desde su paso por el huerto de Getsemaní, pasando por las casas de Anás y Caifás, hasta sus comparecencias ante Poncio Pilato y el rey Herodes, los fieles rememoran estos momentos como parte de una profunda conexión espiritual.
En el séptimo monumento, la meditación se centra en el trayecto final de Jesús cargando la cruz hasta el monte Calvario, donde culmina su sacrificio. Esta representación busca que los creyentes reflexionen sobre el significado del sacrificio y la redención.
Una tradición que une a las familias
Para muchos, esta práctica no solo es un acto religioso, sino también una tradición familiar. Así lo expresa Yudis Pérez, quien año tras año participa en este recorrido junto a sus seres queridos. “Es una tradición visitar los templos y hacer oración al Santísimo. Lo hacemos en familia como una forma de agradecer por todas las bendiciones”, afirmó.
Durante su recorrido, Pérez visitó diferentes iglesias, donde elevó plegarias por las necesidades personales y colectivas, reafirmando el valor de esta costumbre que sigue viva en el corazón de la comunidad católica.


