La ciudad más antigua de Colombia cumple 500 años y sigue siendo un paraíso que enamora a locales y visitantes con sus paisajes, cultura y sabor costeño.
Santa Marta no es solo la ciudad más antigua de Colombia; es una tierra donde el mar Caribe besa con devoción las estribaciones de la Sierra Nevada, y donde la historia camina descalza entre calles coloniales, bahías cristalinas y la sonrisa cálida de su gente.
Fundada el 29 de julio de 1525, está cumpliendo 500 años de existencia, medio milenio que ha moldeado un carácter fuerte, resiliente y profundamente caribe. Santa Marta es cuna de tradiciones, de pescadores que aún lanzan sus redes al amanecer, de artesanos que tejen mochilas arhuacas con la misma sabiduría de sus ancestros y de jóvenes que bailan champeta en los barrios populares de la mágica ciudad, como Pescaíto, Gaira, Bastidas, María Eugenia y muchos otros, donde la música retumba con el alma Caribe y la alegría no tiene fecha de vencimiento.
El centro histórico vibra con la elegancia del pasado y la frescura del presente. A unas horas, los senderos de Minca prometen selva, ríos helados y miradores que parecen tocar el cielo. Más allá, el Parque Tayrona ofrece playas escondidas como postales vivas, donde el tiempo parece detenerse para contemplar la perfección de la naturaleza.
Y cómo no hablar de Taganga, de Buritaca, del Parque de los Novios, de las fiestas del mar y del orgullo samario más sonoro: Carlos Vives, el artista que ha llevado el nombre de su tierra natal a todos los rincones del mundo con canciones que huelen a mar, suenan a cumbia y saben a nostalgia.
Santa Marta está viva. Y en su cumpleaños número 500, se celebra a sí misma: como destino turístico, como hogar de culturas milenarias, como joya histórica y como promesa de futuro. Porque Santa Marta no envejece, se reinventa, siempre al ritmo del mar.


