Por: Martín Abel Chivatá Negro
“La crisis es por culpa del gobierno, que ahora no salgan con el esqueismo automático, común en este gobierno”.
La crisis fiscal que enfrenta Colombia en 2025 no es un evento aislado ni un fenómeno inesperado, es el resultado de una combinación de decisiones erróneas y una clara falta de planeación del gobierno de Gustavo Petro que, en lugar de asumir responsabilidad, el oficialismo recurre al esquematismo automático, responsabilizando a otros factores como el Congreso, la oposición o incluso fuerzas externas que no tienen peso real en los desafíos actuales.
El decreto del presupuesto para el próximo año es un ejemplo contundente de esta crisis. Con un monto aprobado de 511 billones de pesos, el presupuesto para 2025 está desfinanciado en 12 billones. Inicialmente, el Gobierno había proyectado un gasto de 523 billones, condicionado a la aprobación de una reforma tributaria en el Congreso, sin embargo, esta fue negada, dejando un faltante que obligó al presidente a firmar un presupuesto que desde su inicio se reconoce como inviable.
El proceso legislativo reflejó las tensiones entre el Ejecutivo y el Congreso. No solo se negó la reforma tributaria; también se rechazó el proyecto de presupuesto en sus comisiones económicas, algo que no ocurría desde hace dos décadas. Este fracaso legislativo evidenció un distanciamiento político y una falta de consenso que no ha hecho más que agravar la situación fiscal del país.
El Gobierno, a pesar de los reveses, ha intentado justificar sus decisiones. El ministro Diego Guevara defendió la reforma tributaria, argumentando que buena parte de los recursos buscados habrían creado espacio fiscal y aliviado la carga tributaria empresarial. Sin embargo, estas explicaciones no calaron en un Congreso que votó a favor de archivar la iniciativa.
La crisis fiscal también ha llevado al presidente Petro a lanzar duras críticas contra el Congreso, señalando presuntos intereses oscuros de sectores como los juegos de suerte y azar en la negación de la reforma tributaria. Estas declaraciones no solo incrementan las tensiones entre el Ejecutivo y el Legislativo, sino que también desvían la atención de los problemas estructurales y las falencias en la gestión económica del país.
La responsabilidad de la crisis fiscal recae directamente en el Gobierno. Las decisiones de gasto desmesurado, la falta de un plan creíble para aumentar los ingresos y el deterioro de las relaciones con el Congreso han creado un escenario que amenaza la estabilidad económica del país. No es el Congreso, no es la oposición ni los sectores empresariales. Es el Gobierno, con su improvisación y sus discursos polarizadores, el principal culpable de la crisis que enfrentaremos en 2025.


