La inversión de $21.590 millones anunciada para fortalecer el deporte en el Magdalena quedó en obras inconclusas y apoyo técnico incumplido, según denuncias de deportistas y líderes locales.
El departamento del Magdalena vive una crisis silenciosa en su política deportiva: aunque se anunció una millonaria inversión para transformar el sector, deportistas, entrenadores y comunidades hoy cuestionan el impacto real. Bajo la administración de los exmandatarios Carlos Caicedo y Rafael Martínez se presentó la estrategia llamada “Revolución del Deporte”, que contemplaba la creación de una Escuela de Alto Rendimiento junto con un equipo técnico-científico –médicos, fisioterapeutas, psicólogos, metodólogos– para acompañar a los atletas. A esa propuesta se sumaban múltiples escenarios: canchas multifuncionales en Ciénaga, Aracataca, Guamal, El Banco y Plato; pista de patinaje en Chibolo; y adecuación de escenarios en Tasajera, Sitio Nuevo, Pivijay, El Piñón, Santa Ana y San Sebastián. El monto proyectado alcanzaba los $21.590 millones.
No obstante, la realidad supera las expectativas: muchas de esas obras permanecen inconclusas o presentan deficiencias estructurales, según denuncias de entrenadores y líderes comunitarios. Al mismo tiempo, los estímulos técnicos, científicos y sociales prometidos —parte esencial del acompañamiento profesional al atleta— no se han entregado o funcionan de forma limitada. Escenarios deportivos que deberían ser insignia de las administraciones anteriores, como el estadio Estadio Sierra Nevada, figuran hoy como ejemplo del desfase entre inversión y resultado, con alto costo y baja funcionalidad.
La falta de infraestructura adecuada y de apoyo profesional ha repercutido en hechos que llaman la atención: en las recientes carreras atléticas de Peñoncito 2025, jóvenes del Magdalena corrieron descalzos, una señal explícita de abandono institucional y falta de condiciones mínimas para el deporte. Esta imagen es, para muchos, el símbolo de una estrategia anunciada con bombos y platillos que no logró materializarse en impacto tangible.
En definitiva, la “Revolución del Deporte” se topó con la realidad de un aparato de supervisión débil, presupuestos que no se tradujeron en estructuras funcionales y promesas de apoyo técnico que hoy se cuentan entre los renglones del discurso político. Deportistas y comunidades exigen ahora responsabilidades, auditorías claras y una administración que priorice resultados sobre anuncios.


