A dos meses de la inauguración, el hospital de El Retén sigue sin operar, pese a la millonaria inversión. La comunidad denuncia un montaje político, abandono de la infraestructura y ausencia total de servicios de salud.
El hospital de El Retén se ha convertido en el símbolo más evidente de la politiquería y el despilfarro en el Magdalena. Dos meses después de su fastuosa inauguración, con luces, artistas y buses repletos de simpatizantes, la obra de 19 mil millones de pesos continúa cerrada, sin médicos, sin pacientes y con sus equipos cubriéndose de polvo. La comunidad denuncia que lo que se vendió como un avance histórico en salud fue, en realidad, una puesta en escena para la fotografía y el aplauso fácil.
Mientras los funcionarios posaban frente a las cámaras, los habitantes siguen viajando a otros municipios para recibir atención médica básica. El gigante de cemento, de 9.200 metros cuadrados y equipado con consultorios, sala de partos, urgencias y ambulancias nuevas, nunca abrió sus puertas. Hoy, sus paredes muestran señales de abandono, y crece la preocupación por el deterioro prematuro de una infraestructura que ni siquiera ha sido usada.
Líderes comunales califican el hecho como una burla a la dignidad ciudadana. “Nos usaron para la foto y luego cerraron las puertas. Ni un termómetro funciona”, aseguran. A pocas semanas de las elecciones del 23 de noviembre, el malestar se extiende y muchas voces exigen respuestas claras: ¿dónde están los equipos médicos, el personal, los contratos de operación?, ¿quién se responsabiliza por esta obra fantasma financiada con recursos públicos?


