“Hacia la recuperación del ORDEN”: María Fernanda Cabal

Durante el encuentro de la ANDI, la senadora María Fernanda Cabal, tocó temas muy importantes, entre esos como poder construir un futuro para los colombianos en tres fundamentos primordiales, conozca acá cuales fueron:  

Primero: El imperio de la ley como máxima norma de convivencia, más no entendida como una imposición externa o ajena a nosotros mismos, sino como la renuncia voluntaria a una parte de nuestra libertad individual, que entregamos a partir de nuestra adhesión al pacto social, Ley frente a la cual todos tenemos los mismos derechos y nos asisten las mismas obligaciones.

Segundo: La justicia debida, oportuna y democrática, es decir, para todos, como el instrumento para garantizar el imperio de la Ley, para dirimir las diferencias entre los ciudadanos y entre los ciudadanos y el Estado, y para perseguir y castigar el delito en todas sus formas. “Si el hombre fracasa en conciliar la justicia y la libertad, fracasa en todo”, sentenciaba Camus, al tiempo que San Agustín, siglos antes, se preguntaba: “Cuando se suprime la justicia, ¿qué son los reinos, sino grandes bandas de ladrones?  

Tercero: La seguridad, en su sentido más amplio, como derecho fundamental inalienable y bien fundante de la sociedad. Ese “sentido más amplio” no se limita a la preservación de la vida y la libertad también física, vulnerada tan dramáticamente en nuestro país por el secuestro, sino a la garantía de preservación de esa “libertad integral” que pregona el escudo como resultado; en otras palabras, la garantía de seguridad asociada a todas las libertades que no entregamos voluntariamente en la adhesión al pacto social: la libertad de expresión y opinión, la libertad de emprendimiento empresarial, la libertad de credo, de trabajo, de asociación alrededor de objetivos lícitos, en fin, LA LIBERTAD del escudo.

Dentro de ese orden de ideas, el “desaplazamiento” del país, en cuanto al orden se refiere, reclama de compromisos en varias direcciones:

  1. Colombia necesita una reforma política, tantas veces prometida y tantas veces evadida por sus propios protagonistas; una reforma política que, a partir de la resignificación del “servidor público”, dignifique el papel de las colectividades políticas y el ejercicio individual de la política, erradique la corrupción derivada de confundir el poder con el manejo de la burocracia y la contratación, ya sea para enriquecimiento propio, o bien, para, sostenerse indefinidamente en el poder con todos sus beneficios.
  • Como condición de supervivencia de la democracia, Colombia necesita la reforma profunda a la justicia que todos los gobiernos han ofrecido durante las últimas décadas, y que siempre se ha estrellado con los intereses de la magistratura, con los intereses del Congreso, con los intereses y la falta de gobernabilidad del Ejecutivo, con los intereses ideológicos de los sindicatos de la rama judicial, y hasta con los intereses de las mafias del narcotráfico, las que en los ochenta “estallaron” literalmente el país para evitar la extradición, y con las bandas narcoterroristas que, más recientemente, el gobierno Santos sentó en una mesa para negociar, no su reinserción al Estado de Derecho al cual todos estamos sometidos voluntariamente, sino la transformación a su amaño de ese Estado de Derecho, incluida una justicia que les garantizara impunidad total.

Colombia necesita, está exigiendo que la igualdad ante la justicia no sea un discurso, sino una realidad sin excepciones de alcurnia ni de poder económico.

Colombia necesita una justicia que garantice los logros de la Constitución de 1991, especialmente la tutela, pero que evite su abuso sistemático, que se ha convertido en una nueva trampa para el acceso que buscaba facilitar. 

Colombia necesita una justicia que no caiga en el juicio sumario de las dictaduras, pero que logre superar los juicios eternos y la manipulación dilatoria de los actores judiciales, porque, simplemente, una justicia inoportuna, deja de serlo. 

Colombia necesita una justicia articulada, desde la acusación, la investigación y la transparencia en los procesos, hasta la debida sentencia y el castigo que resocialice y no se convierta en incubadora de más delito y más violencia.

Colombia necesita voluntad política y gobernabilidad para hacer la reforma a la justicia, sin duda, la necesidad más sentida de transformación y fortalecimiento de nuestras instituciones, por su relación directa con dos males endémicos de la patria. En la falta de justicia se estrellará todo esfuerzo en la lucha contra la corrupción y el narcotráfico.

Finalmente la senadora afirmó que “Hoy más que nunca cobra vigencia aquella frase del líder conservador, Álvaro Gómez Hurtado, cuando sentenciaba: «Hemos llegado a una situación escandalosamente paradójica en la que nuestro sistema de justicia parece estarse pasando al bando de los criminales».

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