La controversia por la visita del presidente Gustavo Petro a Manta, Ecuador, en mayo de 2025, vuelve a escalar tras sus recientes declaraciones en alocución, en las que rechazó de manera tajante las versiones difundidas por medios ecuatorianos y las calificó como “mentiras y conjeturas”.
El mandatario aseguró que durante su estadía solo recibió a una persona que lo ayudaba a escribir un libro y que ningún otro visitante ingresó al lugar donde se hospedaba. Sin embargo, estas afirmaciones contrastan con investigaciones periodísticas que indican que, en medio de operativos para capturar al narcotraficante José Adolfo Macías, en la vivienda donde permanecía Petro se habrían registrado movimientos y posibles visitas.
Las dudas aumentaron luego de que el presidente ecuatoriano Daniel Noboa señalara que Petro se habría reunido con integrantes de la Revolución Ciudadana, algunos de ellos cuestionados por presuntos vínculos con estructuras criminales. Aunque Noboa aclaró que no podía confirmar un encuentro directo con alias Fito, sus declaraciones avivaron la polémica.
Frente a estos señalamientos, Petro anunció acciones legales por calumnia y reiteró que todo hace parte de una campaña de desinformación en su contra. No obstante, el episodio sigue rodeado de interrogantes: una visita poco clara, versiones encontradas entre gobiernos y un contexto marcado por la violencia y el narcotráfico en la región.
Más allá de la defensa del mandatario, el caso deja en evidencia un problema de fondo: la falta de claridad sobre los movimientos y actividades de un jefe de Estado en un momento crítico para la seguridad regional. A día de hoy, las explicaciones oficiales no han sido suficientes para cerrar un capítulo que continúa generando dudas dentro y fuera del país.


