En el barrio Bastidas de Santa Marta, la solidaridad encontró una nueva forma de expresarse: dispensadores de comida para perros y gatos callejeros. La iniciativa surgió de la mano del líder social Elder Castañeda y el grupo Bastidas Nos Necesita, quienes decidieron que, así como existen programas para adultos mayores y niños, también los animales merecen cuidado y dignidad.
Pero la historia va más allá de un simple gesto comunitario. Se conecta con la vida de Zamir Jiménez, un joven del barrio que emprendió la peligrosa travesía por el Tapón del Darién. En medio de la selva, enfrentando hambre, enfermedad y el dolor de ver a muchos quedarse atrás, Zamir hizo una promesa a San Judas Tadeo, patrono de Bastidas: si lograba llegar con vida a Estados Unidos, levantaría un altar en su barrio. La promesa se cumplió, y con ella nació también el deseo de aportar a los más olvidados: los animales callejeros.


Desde el exterior, Zamir envió apoyo económico y, junto con Hélder y otros vecinos, levantaron cuatro puntos de alimentación en el parque central. Allí, cada día, perros y gatos esperan con ansias la comida que refleja el amor de una comunidad que no quiere dejarlos atrás.
“Esto lo hicimos con amor, sin esperar nada a cambio”, dice Hélder, mientras invita a los habitantes a cuidar los dispensadores. En Bastidas, la solidaridad no solo alimenta cuerpos: también alimenta esperanzas.


