La renuncia de Máximo Noriega refleja el creciente malestar interno en Fuerza Ciudadana, donde militantes abandonan el movimiento denunciando el control férreo y la falta de apertura política de Carlos Caicedo.
La desbandada en Fuerza Ciudadana continúa en aumento. Cada vez son más los militantes que deciden bajarse del barco liderado por Carlos Caicedo, señalando un liderazgo rígido, excluyente y carente de participación interna. El caso más reciente es el de Máximo Noriega, dirigente barranquillero y exconcejal, quien oficializó su renuncia tras fuertes discrepancias con el exgobernador del Magdalena.
Noriega, quien por años fue una de las figuras visibles del movimiento en la región Caribe, aseguró que la colectividad se ha convertido en un espacio cerrado, donde las decisiones se concentran exclusivamente en Caicedo y su círculo de confianza. “No existen escenarios reales de debate ni construcción colectiva”, habría señalado el dirigente, describiendo a Fuerza Ciudadana como un proyecto político cada vez más personalista.
Un liderazgo que ahuyenta a sus propios aliados
El punto de ruptura se dio cuando Caicedo le negó respaldo a la aspiración de Noriega al Senado, argumentando que no se ajustaba a sus “perfiles ideales”. Para muchos dentro del movimiento, esta decisión confirmó que la colectividad ya no es un espacio plural, sino un proyecto al servicio de la voluntad de un solo líder.
La salida de Noriega no es un hecho aislado: se suma a una ola de renuncias y distanciamientos de antiguos aliados que hoy cuestionan el rumbo autoritario del caicedismo. Analistas coinciden en que estas deserciones reflejan un desgaste profundo y un quiebre interno que podría debilitar seriamente la base política de Fuerza Ciudadana de cara a futuros procesos electorales.
Noriega anunció que continuará su carrera política desde Unitarios, movimiento al que se sumará para impulsar nuevas alianzas en la región Caribe, marcando así un precedente para otros inconformes dentro de las filas caicedistas.


