Diciembre transforma el ritmo de Santa Marta. Mientras las luces adornan calles y barrios, las peluquerías se convierten en uno de los lugares más concurridos de la ciudad. Desde temprano, mujeres, hombres, niños y niñas llegan buscando algo más que un corte de cabello: prepararse para compartir la Navidad en familia.
En estos espacios se cruzan historias cotidianas. Madres que ajustan el peinado para la cena navideña, padres que retocan su imagen y niños que, entre risas y algo de impaciencia, se alistan para las fotos familiares. Las sillas no descansan y los estilistas trabajan sin pausa, conscientes de que diciembre es una de las temporadas más intensas del año.
Para muchos peluqueros samarios, esta época representa no solo un alivio económico, sino también la satisfacción de acompañar momentos especiales. Cada corte es parte del ritual previo a la celebración, una tradición silenciosa que se repite barrio tras barrio.
Así, entre espejos, secadores y conversaciones espontáneas, la Navidad en Santa Marta empieza mucho antes de la nochebuena, y se vive también en las peluquerías, donde la imagen se renueva y el espíritu festivo toma forma.


