El proyecto educativo de $9.400 millones, iniciado en 2018 por Rafael Martínez y defendido por Carlos Caicedo, será demolido por fallas estructurales. La obra nunca fue entregada a los estudiantes de Taganga.
La demolición del megacolegio de Taganga se convirtió en la muestra más contundente del fracaso en la gestión de Fuerza Ciudadana. Lo que debía ser un proyecto educativo insignia para transformar el corregimiento terminó en una mole de concreto inservible que hoy será reducida a escombros por sus graves fallas estructurales. La millonaria inversión de $9.400 millones, iniciada en 2018 bajo la administración de Rafael Martínez y presentada como “obra emblemática” por Carlos Caicedo, nunca cumplió su objetivo: los niños y jóvenes de Taganga jamás pudieron estrenar el plantel.
La historia revela un patrón de improvisación, negligencia y falta de transparencia. El contrato, firmado el 16 de julio de 2018, prometía un colegio moderno con laboratorios y servicios completos. Sin embargo, informes técnicos evidenciaron hundimientos, deterioro prematuro, ausencia de equipos y enchapes inconclusos. La interventoría, a cargo del Consorcio Interventoría IED Santa Marta 2018, tampoco actuó, replicando lo ocurrido con otras obras inconclusas impulsadas por la misma fuerza política.
El desfalco social es evidente: mientras los exalcaldes Martínez y Virna Johnson avalaban pagos sin avances reales, la comunidad de Taganga quedó condenada a la desilusión. Hoy, siete años después, el actual alcalde Carlos Pinedo anuncia un nuevo proceso de construcción y sanciones, pero la deuda con los estudiantes persiste. Lo que se derrumba en Taganga no es solo un colegio: es la credibilidad de Fuerza Ciudadana y su discurso de transformación.


